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Me gusta mucho el modo en que Eduard Punset aborda temas tan fundamentales como la felicidad… O cómo aprender a ser padres :) Que lo disfrutéis.

Mi querida y admirada Klara, de TwinsOutside, ha hecho un fantástico tutorial para enseñarnos a coser una bandolera de anillas y con su permiso, os lo acerco desde su blog.

TUTORIAL: Coser una bandolera de anillas (How to sew a ring sling)

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Tanto tutorial por aquí y por allá… al final me he animado a contribuir con mi granito de arena… viva la información gratuita!! ;-)

En este caso he hecho una bandolera de anillas de tela de fular que son especialmente cómodas para mi, pero se pueden utilizar otro tipo de telas. Concretamente he utilizado un fular Didymos de Edición Limitada Jim Jade:
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Su composición es de un 40% de lino + 60% algodón:

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A mi me gustan las bandoleras más bien cortas, así que le corté un trozo de 2.15m y le sobrehilé con la remalladora para que no se deshilache:

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Lo ponemos bien rectito en la tabla de planchar:

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Preparado para plancharle el dobladillo, para que quede bonito al coser las anillas:

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Hago unas cuantas marcas (con un rotulador especial para marcar tela que se borra con el agua) a unos 12cm del borde (primero probé 10cm, pero le puse dos centimetritos más):

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Trazo una linea con las ayuda de las marcas que hemos hecho previamente y con una regla, a 12cm del borde, a esta altura es donde irán las anillas:
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Y otra más, a 12cm de esta linea, en esta es donde irá la costura:
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Llegó el momento de escoger anillas :-) me gustan las de aluminio de 7.5cm (3”) de diámetro en el interior.
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Colocamos la tela por las anillas, de una forma ordenadita:
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Y la abrimos de la forma más ordenada posible:
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Doblamos la tela hasta la segunda linea que hicimos:
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Vamos a ir sujetando la tela con alfileres a la altura de la segunda linea:

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Con cuidado y paciencia de no pillar pliegues, la tela siempre estiradita, como si las anillas no estuviesen, que realmente si están y molestan mucho ;-) :

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Ya la tenemos toda enganchada:

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Nos aseguramos que ambos lados coinciden, esto es un buen consejo de una buena amiga ;-) :

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Preparado para la máquina, empezamos la costura con unos puntos adelante, unos atrás y seguimos adelante, para que no se deshaga:

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Vamos quitando las agujas a medida que vamos necesitando, MUY IMPORTANTE que la tela esté siempre sin arrugas en ninguna de las dos capas, siempre estiradita como si las anillas no estuviesen, hay que ir recolocando la tela, peinandola con los dedos constantemente para asegurarnos que no pillamos ningún pliegue:
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Cuando llegamos al final y con la aguja clavada en la tela, levantamos la patilla y giramos en dirección de las anillas,

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Bajamos la patilla y damos un 4 o 5 puntadas, volvemos a girar para iniciar otra costura de lado a lado:

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Cogemos de referencia la anchura de la patita, entre la costura anterior y esta nueva, eso nos ayudará a que nos salgan las dos lineas paralelas y no por unos sitios más juntas que por otros:
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Luego volvemos a repetir el proceso para hacer una tercera costura de seguridad:
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Así, habremos hecho este caminito:
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Para acabar, hacemos como empezamos unos puntos adelante, otros atrás, y así unas tres veces.
Así ha quedado el revés, se aprecian las tres costuras:

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Y así el derecho:
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Este tipo de cosido en el hombro es, para mi, el más cómodo con diferencia, ya que permite que se abra la tela por toda la espalda, y no hace ningún punto de presión excesiva en el hombro, sino que queda completamente abierto desde el principio repartiendo así la tensión. Lo descubrí gracias a las bandoleras Sakura de las cuales escribí una review en su día:

Estos días hemos comenzado con los primeros catarros de la temporada; hablo en plural, porque empezamos tanto mi duende como yo. :(

Seguimos lactando, y pese a que ya sabemos, gracias a la web del Hospital de Denia e-lactancia.org, que hay muchos medicamentos perfectamente compatibles con la lactancia, prefiero limitar la “ingesta de químicos” y he buscado alternativas más naturales. Gracias a mi mami y a mi suegra por estos remedios, que están funcionando, son naturales e incluso saben bien :) Hoy comparto el remedio para los catarros:

Infusión de orégano y tomillo para los resfriados (tos, dolor de garganta y congestión nasal)
Poner en un recipiente al fuego agua, media manzana (lavada, pero sin pelar), dos o tres higos pasos (abiertos por la mitad), una cucharada generosa de miel, una cucharada de orégano y una cucharada de tomillo. Esperar hasta que levante el hervor, y en ese punto apagar el fuego. Dejar reposar hasta que enfríe y colar. Esta infusión se toma calentita hasta que se nos alivie el resfriado.

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Para “respaldar” la efectividad de este remedio, he buscado propiedades de sus ingredientes. En la web Botanical-online, nos dicen (entre otras cosas) que el tomillo es un potente antiséptico, que elimina los gérmenes y reduce los síntomas de las infecciones que éstos producen, entre ellos la fiebre y el malestar. Se puede utilizar para aliviar el dolor de garganta, en caso de tener anginas o cuando se tiene el pecho cargado.
Del orégano nos dicen que las infusiones bien calientes de esta flor ayudan a bajar la fiebre y que tiene propiedades expectorantes, antiinflamatorias y antisépticas, y que está especialmente recomendado para las dolencias respiratorias causadas por procesos infecciosos.

He empezado a tomar la infusión esta semana y he de decir que realmente me ha alividado la congestión y el dolor de garganta de manera espectacular. ¿Te animas a probarla y a compartir tu experiencia? ;)

NOTA: esta no es una web de medicina. Para cualquier duda sobre tu salud, acude a tu médico.

Extraído íntegramente del blog Atraviesa el Espejo, de Violeta Alcocer (con toda mi admiración y cariño)

Los límites: coordenadas fundamentales.

Los límites (esos de los que tanto se habla y que nadie sabe muy bien qué son) no son otra cosa que el lugar común donde se encuentran mis necesidades con las del otro, el espacio a partir del cual se rompe un equilibrio saludable, el marco dentro del cual se contienen nuestras relaciones saludables con nosotros mismos, con los demás y con el medio que nos rodea.
Es decir, los límites no siempre tienen que ver con la firmeza, la autoridad o la capacidad para decir “no”: tienen que ver con la capacidad de combinar nuestras necesidades con las de nuestros hijos de forma armoniosa.
Por otro lado, las expectativas son lo que esperamos de nuestros hijos y lo que esperamos de nosotros mismos como padres y como familia.
Límites y expectativas son dos conceptos estrechamente vinculados, pues nuestras expectativas son el marco de referencia de nuestros límites, los definen.

Las necesidades y las relaciones son muy particulares para cada persona y cada familia. Por ese motivo, los llamados “límites” han de ser
también particulares para cada familia (dependerán de los valores de cada familia, de sus necesidades particulares, de su cultura, de su organización interna, de sus proyectos presentes y futuros y de las expectativas personales de cada padre sobre los hijos) y no podemos adoptar alegremente los de la familia de al lado (ni los del psicólogo o el pediatra de turno) porque entonces estaremos viviendo la vida de otro.

Cuando nuestros hijos desean, lo hacen a menudo desmedidamente y sin límites. El deseo es puro y la distancia entre los deseos del niño y la realidad suele ser grande (salir desnudo a la calle en pleno invierno, meterse con zapatos en la bañera, abrir todas las bolsas de patatas de una tienda, comerse un bote entero de plastilina o beber vino de la copa de papá) .

La tendencia de los padres, guiados por el afán de marcarle al niño donde está el límite, es la de negar el deseo rotundamente y en su totalidad (“no, tu no quieres eso” o “no, eso no se puede”). Con esta negación marcamos un límite, pero es tan
rotundo que muchas veces desoímos algunos matices de ese deseo que sí podrían (y deberían) ser considerados.

Es importante pensar qué papel tiene el no en la vida de un niño.
Personalmente soy bastante contraria a las teorías que nos proponen el “no” como panacea educativa (por lo general son teorías que nos invitan a considerar que la frustración activa, es decir negarle deseos al niño deliberadamente, es necesaria e invita al crecimiento porque eso es lo que el crío se va a encontrar en la vida).

Yo lo veo de otra manera. Creo que, en realidad, lo que el niño necesita es conocer cómo está escrito el mapa de la realidad: de su realidad concreta y de la realidad del contexto social en el que vive y se desarrolla.

Hablo de mapa porque me parece una buena metáfora. En ese mapa hay zonas que limitan con otras, hay fronteras. Hay obstáculos geológicos insalvables y otros que se pueden salvar sólo con ayuda. Hay distintos paisajes, dependiendo de la zona en la que uno se encuentre instalado y para el niño es fundamental conocer ese mapa, esas coordenadas, para poder moverse por el mundo con seguridad. El mapa de la realidad incluye, también, las relaciones entre las personas. De esta manera, el mapa de la realidad del niño, el que hemos de mostrarle y él ha de ir incorporando según crece, es el mapa de las relaciones que tiene a su ardedor y del contexto físico en el que se desarrollan estas relaciones. Eso quiere decir que el niño también necesita conocer hasta dónde puede llegar con los demás y hasta dónde pueden llegar los demás con él.
Como he dicho muchas veces, el respeto en familia tiene que ser respeto para todos: para los hijos por supuesto, pero también para los padres. Y si el equilibrio se rompe y la balanza se inclina demasiado en uno u otro sentido estaremos haciendo muy mal nuestra labor.

Mi visión del asunto es compleja y quizá sofisticada, porque pretendo que nuestro objetivo como padres no sea que nuestro hijo conozca los límites (es decir, que se sepa el mapa al dedillo pero sin moverse del sitio), sino que, a la larga, nuestro hijo sea capaz de detectar por sí mismo dónde están los límites en la vida, que sea capaz de gestionar sus relaciones con los demás averiguando en cada caso hasta dónde puede llegar, que sea capaz de parar cuando tenga demasiado de algo, que se “autolimite” cuando haga falta. Que sea autónomo, que tenga criterio. Que no haga caso de lo que le digan que tiene que hacer “porque si”, sino que piense por él mismo… y acierte.

Para que este aprendizaje tenga lugar, es fundamental que ante un deseo de nuestro hijo, en vez de cerrar el tema con un “no” y a otra cosa, seamos capaces de decir “si, pero hasta aquí”.
El “no” rotundo está bien cuando lo que hay detrás es un enchufe que electrocuta o un terraplén. También cuando lo que hay detrás es un bofetón a un hermano o cualquier otra cosa que menoscabe lo que hemos considerado como respeto o como parte fundamental de nuestra convivencia o buena marcha vital.
Pero no tiene tanto sentido en el resto de las ocasiones.

Porque el niño que crece con el “no” aprende a ver la vida con el vaso vacío (de deseo). Conocerá muy bien la frustración pero no sabrá detectar los matices ni en el entorno ni en las situaciones, porque todos sus avances fueron censurados antes de empezar. No conoce el mapa de la realidad de antemano y es incapaz de emprender por sí mismo la tarea de conocerlo. Tiene miedo de lo nuevo, porque aprendió que su deseo de conocer era ilícito. Simplemente va siguiendo las indicaciones. Le vendrá muy bien, en cualquier caso, haber crecido en la frustración, porque careciendo de las herramientas personales para manejarse
adecuadamente en sus relaciones personales y con el entorno, a lo largo de su vida tendrá que lidiar con muchas.

El niño que crece con el “si, pero sólo hasta aquí” aprende a ver la vida con el vaso medio lleno (de deseo), aprende que casi todo puede intentarse, que sus deseos pueden verse realizados pero que para que eso suceda debe aceptar y asumir ciertas coordenadas, ciertas reglas, normas, las que reinen en cada circunstancia de su vida. Sabrá lo que es la frustración, cómo no, pero no será a costa de la frustración total sino a costa de un aprendizaje fundamental en la vida: tener que renunciar a algo para obtener algo, tener que esforzarse, tener que esperar, demorar y hasta renunciar o modificar los objetivos para encontrar la satisfacción.

La formula para replantearnos los límites es sencilla. Antes de volver a negar algo, merecerá la pena pararnos a escuchar qué es lo que nuestro hijo quiere y, por un momento, comprenderlo, idenficarnos con ese deseo, con el niño que nosotros fuimos. Comprenderlo no significa realizarlo en su totalidad: significa darle cabida a su deseo en nuestra mente e identificarnos con la realidad del mismo (“si yo fuera un niño de dos años me apetecería muchísimo tirarme a esa piscina con el bocadillo en la mano”).
Sólo desde esta postura podremos, en algunos casos, rescatar algún aspecto de ese deseo que sí puede ser realizado y se lo podremos mostrar así a nuestro hijo.

No se trata de que nosotros seamos los jueces que dan el visto bueno o el visto malo a un deseo (si lo entendemos así, es fácil caer en conceder demasiado o en negar demasiado) : se trata de que nosotros seamos los que le vayamos mostrando a nuestro hijo la manera de ir ajustando sus deseos a las posibilidades que le ofrece la realidad. El mensaje para el niño es: desear es bueno y lícito, pero quizá tengas que modificarlo un poco para que sea realizable o renunciar a él para poder hacerlo más adelante.. pocas veces en la vida podemos hacer “exactamente” lo que queremos, pero eso no significa que no podamos hacer algunos ajustes para disfrutar igual de ella.

Violeta Alcocer.
Ilustración: Oscar Villán

Lara Pérez Dueñas. Publicado en Ecoticias.com (Menéalo aquí)

“Bolsa Caca”. “Haz pipí en la ducha”. Parece que se estila el “marketing escatológico” para defender preceptos ecologistas… No me extenderé aquí sobre la campaña de la ONG Brasileña para ahorrar agua, sino sobre el revuelo de las bolsas de plástico que se ha creado en España. España, uno de los mayores productores y consumidores europeos de bolsas de plástico, va a restringir su uso en 2010, según el plan del Ministerio de Medio Ambiente, y alguna cadena de hipermercados ha aprovechado para lanzar su propia campaña de eliminación de bolsas de plástico y aparecer como una empresa ecológica y que pone “su granito de arena” por el medio ambiente. Ahondemos un poco más sobre la cuestión ambiental que plantean estas bolsas y las críticas que se escuchan ante su prohibición.

No se puede negar que el impacto medioambiental de las bolsas de plástico es enorme. Debido a su baja biodegradabilidad, y a su ligereza -vuelan fácilmente con el viento- las encontramos permanentemente en el medio ambiente y en particular en el mar, donde los animales pueden tragarlas y asfixiarse con ellas. Esto no solo ocurre con los grandes animales marinos como los delfines, tortugas, ballenas, sino que al irse descomponiendo en trozos más pequeños pueden ser tragados por pequeños peces, muchos de los cuales mueren. Achim Steiner, Director Ejecutivo de UNEP afirmó recientemente que, debido a su impacto sobre la fauna marina, las bolsas de plástico de un solo uso deberían “ser rápidamente prohibidas o retiradas en todas partes-no hay absolutamente ninguna justificación para seguir produciéndolas, en ningún lugar.”

Muchos críticos de esta retirada de las bolsas de plástico afirman que lo que hay que fomentar es el reciclaje de los plásticos. Por supuesto: en ningún momento los que abogamos por dejar de usar bolsas de plástico estamos en contra del reciclado de los plásticos. Pero como en todo, “el mejor residuo es el que no se produce“. Lo primero es reducir la cantidad de residuos que producimos. Solo entonces podemos pensar en reciclar lo que nos sobra (y solo en último lugar eliminarlo sin más tratamiento). Por lo tanto, antes de exigir el reciclado del máximo de residuos de envases -el contenedor amarillo-, es necesario que cese el sobre-envasado, que se fomente la venta de productos a granel y el ecodiseño (el diseño de los envases de manera que el residuo generado sea mínimo y fácilmente reciclable), pero también que se dejen de promover los envases de una sola porción, lo que tiene mucho que ver con nuestro modo de vida y de consumo.

Hablando de reciclaje, viene bien recordar que no existe “el plástico”, sino muchos tipos diferentes de plásticos. Hay plásticos más fácilmente reciclables que otros, según la familia a la que pertenezcan o los aditivos que contengan. Es necesario separar los distintos tipos de plástico para su reciclado, lo que no siempre es posible cuando los materiales están mezclados, incluso en un mismo producto. Es cierto que la tecnología sigue avanzando para conseguir una buena separación de los plásticos, pero esto es costoso y complicado. Por otro lado, los plásticos -o mejor dicho, los polímeros- son materiales de alta tecnología, que pueden tener usos muy importantes, beneficiosos y necesarios, por ejemplo: la elaboración de medicamentos. Parece bastante más útil guardar el poco petróleo que tenemos para fabricar materiales más importantes o sin alternativa que malgastarlo en un producto de usar y tirar que puede ser reemplazado fácilmente.

En cualquier caso, ¿se solucionaría el problema ambiental con una buena concienciación ciudadana para que ninguna bolsa quede abandonada? Permítanme dudarlo: las bolsas, tan ligeras y con forma de “paracaídas”, vuelan descontroladamente y se van desparramando por el medio desde las papeleras o contenedores, durante su transporte al centro de tratamiento, en la misma planta de tratamiento de residuos… Esto en el caso de que lográramos bajar hasta cero el 56% actual de españoles que nunca reciclan plástico.

Otra solución: las bolsas biodegradables. Existen bolsas biodegradables, compostables, fotodegradables, oxodegradables… Pero no debemos dejarnos confundir y pensar que en cuanto la bolsa sea desechada al medio, se desintegrará. La biodegradabilidad de estos productos se mide en unas condiciones muy específicas, por ejemplo las de una planta de compostaje. Si una bolsa compostable acaba en el mar o tirada encima de un arbusto no se desintegrará en pocos días, sino en pocos años. Tiempo más que suficiente para causar daños al entorno. Las foto u oxodegradables, que se degradan mediante la luz del sol o el oxígeno, no se degradarán en el mar ni en el fondo de un vertedero. Pero sobre todo, no está claro que estas bolsas no liberen productos tóxicos con su descomposición.

Realmente, utilizar recipientes reutilizables es, como siempre, la mejor manera de evitar el residuo y de ahorrar recursos: el capazo de toda la vida, el carrito de la compra, las mochilas… son alternativas a las bolsas de tela o de rafia, que también hay que promocionar, aunque controlando que no hayan sido fabricadas en condiciones inaceptables.

Es cierto que solemos emplear las bolsas de plástico de un solo uso como bolsas de basura en casa, en lugar de las que se comercializan -y que no salen gratis. En primer lugar, no me parece tan descabellado que haya que pagar por bolsa de basura: es una medida utilizada en muchos países para fomentar la reducción de los residuos en los hogares (si produzco menos basura, pagaré menos). Para los residuos orgánicos, y especialmente en los lugares donde existe recogida selectiva de orgánica, lo mejor es usar bolsas de plástico compostables, que se degradarán rápidamente. Por supuesto, estas bolsas no deben usarse para depositar los residuos de envases puesto que no son reciclables (y contaminarían los residuos depositados en el contenedor amarillo).

Dicho todo esto, no está de más mirar de manera más crítica toda esta campaña por la prohibición de las bolsas de plástico. Aunque es una medida que muchos esperábamos con impaciencia y reclamábamos desde hace años, no debemos dejar que se convierta en una mera limpieza de conciencia colectiva para justificar un modo de consumo totalmente insostenible. Nos encontramos con la paradoja de seguir yendo al centro comercial en coche, comprar gran cantidad de productos sobre-envasados que han viajado miles de kilómetros y que han sido fabricados con pesticidas y otros productos tóxicos, con derroche de agua y de energía, vendidos en grandes superficies con políticas medioambientales y sociales desastrosas…, eso sí: ¡sin usar bolsas de plástico!

Este tipo de medidas, como cambiar las bombillas normales por las de bajo consumo, o como la campaña “para ahorrar agua” con la que abríamos el artículo, David JC MacKay las compara muy acertadamente con “baldear el Titanic con una cucharilla”. Sí, debemos usar bombillas de bajo consumo y dejar de usar bolsas de plástico, pero debemos hacer mucho más: “Si cada uno hace un poco, conseguiremos sólo un poco. Para conseguir grandes cambios hacen falta grandes acciones”.

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