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Posts Tagged ‘bebés’

Publicado originalmente en El Blog de El País La Doctora Shora.

FiebreDurante mucho tiempo, bajar la fiebre ha sido casi un dogma de fe incuestionable en nuestra sociedad y aún lo sigue siendo en muchos ámbitos. Cuando la temperatura del termómetro se eleva, amenazador, por encima de los 37 ºC se convierte automáticamente, para muchos, en dos cosas: En una señal de peligro y en el pistoletazo de salida para rebajarla cuanto antes (con los omnipresentes y socorridos paracetamol e ibuprofeno).

Nuestra cultura muestra una arraigada aversión a la fiebre y, cuando hablamos de padres primerizos, esta aversión puede convertirse en una verdadera fiebrofobia, de la cual son muy conscientes los pediatras. En buena parte, ello se debe a que detrás de la fiebre existen muchos mitos terroríficos que implican, sobre todo, a los más pequeños. El principal mito y que más miedo deja a su paso es el mito de que la fiebre puede provocar un daño cerebral grave e irreversible (algo que no ocurre salvo a temperaturas muy elevadas, por encima de 42º C). El otro mito terrorífico es la supuesta capacidad de la fiebre para provocar graves convulsiones (de producirse, son leves y suelen aparecer con fiebres bajas y, además, el tratamiento de la fiebre no las previene).

Pese a todo lo anterior, entre los profesionales médicos se está extendiendo más y más una posición racional y científica ante el tratamiento de la fiebre, lejos de los miedos sin fundamentos y generalizados en torno a ella. Los estudios clínicos comparativos sobre las ventajas y desventajas de tratar o no la fiebre se incrementan con los años y la información de la que se dispone para actuar es mucho mayor. A la vista de lo que se sabe, ¿se debe o no se debe combatir la fiebre?

Lo primero que debemos tener en cuenta sobre la fiebre es que es un mecanismo de defensa natural, que se produce, casi siempre, en respuesta a una infección en el que los microbichos habituales suelen ser principalmente los virus y, con menor frecuencia, las bacterias. Por tanto, la fiebre en sí misma no tiene por qué ser mala, ni muchísimo menos. De hecho, múltiples estudios constatan que dificulta la proliferación de virus y bacterias y que mejora la respuesta del sistema inmune desde diversos frentes.

¿Podría ser, entonces, que tratar la fiebre fuera, en realidad, peor que no tratarla? Los resultados que están ofreciendo los últimos estudios científicos sobre el tema reflejan que, por lo general, la utilización de tratamientos contra la fiebre no acorta la duración de la enfermedad y que existe, además, el riesgo de efectos adversos. En cuanto a mortalidad, en estudios experimentales con animales, por ejemplo, sabemos que el uso de antitérmicos eleva el riesgo de muerte (en tratamientos contra la gripe y en tratamientos frente a neumonías, entre otros). Sin embargo, son muy pocos los estudios realizados en humanos sobre este aspecto y, desde la comunidad científica médica, se solicitan con urgencia.

De entre los pocos estudios de cierta calidad que podemos encontrar sobre la relación entre antitérmicos y mortalidad, se halla el estudio realizado en la Universidad de Miami sobre 82 pacientes críticos. En él se constató que el grupo de personas que recibía tratamiento contra la fiebre a 38.5 ºC poseía una mortalidad mayor (7 personas) que el grupo de personas que recibía el tratamiento a 40 ºC (1 persona). No es un tamaño de muestra muy grande y es imprescindible que se realicen más estudios como éste con una mayor cantidad de personas pero es, sin lugar a dudas, una razón de peso para replantearse la actuación médica predominante frente a la fiebre.

Así pues, ¿qué hacer ante la fiebre? La postura más clara (planteada por instituciones como el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica de Estados Unidos), en estos momentos, es que no hay que combatir la fiebre a diestro y siniestro sino en casos puntuales. Como se comenta con frecuencia entre los médicos: “hay que tratar a la persona y no al termómetro” y, así, según las condiciones del paciente pueden o no estar indicados los antitérmicos.

De esta forma, estaría indicado su uso, por ejemplo, en niños con fiebre y evidente malestar general (los que están con fiebre y buen estado no lo necesitarían), cuando se posee una fiebre de 40ºC o superior o de larga duración y en determinados enfermos críticos o crónicos. De rutina, no hay que tener miedo a la fiebre, sino identificar aquello que lo desencadena y actuar con sentido común frente a ello. Aunque como en todo, hay excepciones. Sí que hay 3 casos en el que la presencia de fiebre, por sí sola, puede ser una señal de alarma:

-Fiebre por encima de los 40 ºC en cualquier persona

-Fiebre de 4 o más días de duración en niños.

-Bebé menor de 3 meses con fiebre

En los 2 primeros casos, hay que ir sin demora al médico y, en el caso de fiebre en un bebé menor de 3 meses, acudir corriendo a urgencias.

Para saber más:

La fiebre y sus mitos. Cuándo consultar al pediatra

La fiebre, esa gran desconocida

Los ¿beneficios? de la fiebre

La fiebre

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No podemos más que agradeceros a todos los participantes en nuestro I Concurso de Fotografía “Imágenes del Cariño”, ha sido un placer ver tantas fotos destilando amor, y un verdadero problema elegir las ganadoras 🙂

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“¿Es bueno para nuestros bebés ser portados?” por Elena López

Artículo publicado originalmente en Monitos y Risas

Desde que soy mamá me he conectado con mi parte más “animal”, en el “buen” sentido de la palabra. Me parece importante no perder de vista lo que somos, mamíferos, y tenerlo en cuenta a la hora de tomar decisiones respecto a nuestra forma de vida y, cómo no, de Crianza.

Entonces, ¿es realmente bueno para nuestros bebés ser portados, desde este punto de vista? En estos tiempos que corren, el instinto lo solemos tener enterrado entre un montón de información, costumbres, prejuicios, opiniones… Y muchos de nosotros necesitamos tener algo “tangible” a lo que agarrarnos, algo “científico” que argumentar si nos preguntan…o nos preguntamos (que no siempre vienen las dudas de fuera). Yo soy de las que necesitan que la cabeza respalde al corazón. Y por eso, en su momento busqué la respuesta a esa pregunta, ¿es realmente bueno para nuestros bebés ser portados? Este artículo es una recopilación y elaboración de lo que encontré.

Los mamíferos, hasta los años 70, se clasificaban en nidícolas (especies “de madrigura” o “de escondite”) y nidífugos (especies “de manada” ). Esta clasificación zoológica, si bien se aplica a todos los animales, se usó originalmente para clasificar aves según la clase de nidificación. Las nidíf ugas, o precociales, son las que, de polluelos, tras romper el cascarón, abandonan enseguida el nido: se les seca el plumón rápidamente, se desplazan por sí mismos y picotean alimento por sus propios medios. La madre se limita a ser guía, protección y modelo de conducta. Un ejemplo que tenemos bastante presente son las gallinas. Las nidícolas, o altriciales, se mantienen dentro del nido bastante tiempo después de haber roto el huevo. Nacen ciegos, desnudos e inmóviles. Lo único capaces de hacer es piar mientras abren el pico, en el que los progenitores, madre y/o padre, depositan la comida, pre-digerida por ellos mismos. Además, sus padres también tienen que proporcionarles calor. Poco a poco, estos polluelos van creciendo y evolucionando hasta que llega un día en que, enseñados y provocados por los adultos, finalmente abandonan el nido. Esta necesidad tan intensa de cuidados implica una redu cción en el número de crías, así como un mayor contacto entre generaciones que lleva implícito una mayor organización social. También tiene como consecuencia y/o causa un mayor desarrollo del sistema nervioso central y periférico. Ejemplo de este tipo de aves son los buitres, que suelen tener un único polluelo al que crían y cuidan constantemente durante dos meses, y que hasta los 3 meses y medio no abandonará el nido.

Como decíamos, esta clasificación es similar para los mamíferos, aunque la mayoría no tenga nido propiamente dicho. La gran diferencia entre los mamíferos y las aves es la gestación intrauterina (en la mayoría de los casos) y la alimentación inicial de los nacidos mediante la leche materna. Entre los mamíferos, aquellos con un sistema nervioso de desarrollo relativamente simple y rápido nacen indefensos, son los nidícolas (o especies “de madriguera”). Los recién nacidos son totalmente dependientes de un cuidado materno constante y en todos los ámbitos. Muy dependientes, pero por poco tiempo. Sus gestaciones, la lactancia, la maduración hasta la capacidad reproductiva y, con ello, la repetición del ciclo, son aceleradas. Además, cada camada suele ser numerosa. Los bebés permanecen en el nido, su entorno seguro, ya que no son capaces de desplazarse por sus medios; son prácticamente ciegos y sordos (tienen los ojos y el interior de los oídos cerrados), además de incapaces de mantener su temperatura corporal de un modo constante (en esto ayuda mucho tener hermanos que te den calor). Están tranquilos en ausencia de la madre y en compañía de los hermanos; su seguridad depende del silencio, ya que cualquier depredador podría hacer presa fácil, ya que no son capaces de huir por sus propios medios, ni de percibir claramente la amenaza. La leche materna sacia mucho, pueden estar sin ser alimentados mucho tiempo, permitiendo a la madre abandonar el nido en busca de comida. Incluso, estos bebés no evacuan por sí mismos, ya que el olor de las heces y orines podrían delatarles. Cuando llega su madre, les estimula mediante un masaje realizado a lametones, y entoces defecan. Los roedores pertenecen a este grupo.

Cuando la especie tiene un desarrollo del sistema nervioso sustancialmente mayor y más complejo, normalmente se trata de una especie nidífuga (de manada). Éstas tienen una preñez más prolongada y menor número de hijos (normalmente uno) en cada embarazo. Al nacer, ya tienen las características propias de su especie, parecen miniaturas de los padres. La piel funciona al 100% de sus posibilidades, por lo que pueden autorregular su temperatura corporal; ven y oyen bien (sus órganos sensoriales están completamente desarrollados y operativos); se mueven con facilidad y emiten sonidos igual que los adultos. Una vez terminado el masaje-baño que le suele dar la mamá con su lengua nada más nacer, la cría al poco se levanta, busca la leche materna y es capaz de seguir fácilmente a su madre. No tienen nido, por tanto su seguridad depende de su capacidad para seguir a la madre y a la manada. De hecho, gritan si están solos o separados de su mamá, pues esto supone un gran peligro para ellos. La leche materna es, por tanto, muy baja en grasa, no sacia tanto, lo que obliga a la cría a estar alimentándose constantemente y, consecuentemente, siempre cerca de la madre. Los rumiantes como las vacas pertenecen generalmente a este grupo.

Hay, no obstante, especies intermedias, como por ejemplo, los cánidos (perros, lobos, etc.) y felinos (gatos, tigres, etc.), que son nidícolas y dependientes de sus padres durante bastante tiempo, y poseen un sistema nervioso muy desarrollado, con un entramado social elaborado. Pero ni siquiera en estas encajamos los humanos. Y son los humanos los que hoy nos interesan ;)

El ser humano recién nacido (y algunos otros animales) tiene capacidad de regular su temperatura bastante bien aunque con “fallos”; oye ya antes de nacer y ve sombras-luces y siluetas, tiene los órganos sensoriales desarrollados, pero la funcionalidad aún no está al 100 % (podríamos decir que tenemos la maquinaria está lista, pero aún no nos hemos leído el manual de instrucciones); necesita alimentarse con mucha frecuencia comidas poco energéticas: la leche materna tarda en llegar al intestino entre 20 y 90 minutos, por lo que necesita comer cada muy poco. Si son dejados solos, gritan para avisar a su madre de dónde están y de que corren peligro. Sin embargo, el recién nacido humano no es autónomo en absoluto (tardamos muchos años en serlo), no puede seguir a su mamá ni usar las vocalizaciones de los adultos; necesita a su madre para su protección, calor y comida, como hemos dicho. No es una mini-copia de un adulto, no sólo va a crecer y a engordar, sino que cambiará su morfología (si nos fijamos, la proporción del tamaño de la cabeza de un bebé respecto a su cuerpo es totalmente diferente a la del adulto). De ahí que Portman (zoólogo suizo, catedrático de zoología en la universidad de Basilea, director de su Instituto de Investigaciones Zoológicas y director científico de su Jardín Zoológico) en los años 40 del pasado siglo nos clasificara como nidícolas secundarios y, a la vez, nidífugos desvalidos. Según él, esta clasificación se caracteriza por la dependencia extrema, como los nidícolas, combinada con características de los nidífugos, como los hijos generalmente únicos.

Portman defiende que somos nidífugos con un parto muy prematuro. O de otro modo, deberíamos nacer tras 21 meses de gestación. Ya decía Tomás de Aquino que el hombre “después de salir del útero, antes de adquirir el uso del libre albedrío, es contenido por el cuidado de los padres, como en un cierto útero espiritual”. A los supuestos 21 meses de gestación, aproximadamente los 12 meses de vida, el bebé ha adquirido el control de la columna (es capaz de mantenerse sentado, gatear, llevarse comida a la boca…), y ya encajaría mejor en la clasificación de nidífugo.

Nos llama Portman “prematuros fisiológicos o normalizados“, indicando que el motivo de esta particularidad es lo que se conoce como “dilema obstétrico“. Esto es, la relación entre la cabeza del bebé y el correspondiente canal de parto impide un crecimiento intrauterino mayor, ya que el parto no sería viable: la cabeza no podría pasar. Se debe a dos hechos, por un lado, la bipedestación trae consigo el estrechamiento de la pelvis y caderas. Por otro lado, el desarrollo de un cerebro cada vez mayor trajo consigo un cráneo mayor para poder albergarlo. La evolución solucionó este problema provocando el parto prematuro del bebé humano. Sin embargo, este hecho en lugar de ser un inconveniente parece ser favorable e incluso decisivo para el contacto precoz del bebé con su entorno humano y por tanto cultural. Si la Naturaleza lo hace así, por algo será.

Otro motivo para considerarnos de esta manera es el vínculo intergeneracional, más importante aún para Portman que el dilema obstétrico, que acabamos de explicar. En resumen, desarrollos de sistemas nerviosos más complejos van acompañados de vínculos personales más elaborados. Este vínculo intergeneracional de las especies es el eje de su enfoque. Por tanto, me parece importante detenernos un poco para comentarlo, aunque sea someramente.

El vínculo intergeneracional de las especies va de la mano con las variaciones cada vez mas enriquecidas de dichos vínculos en la medida en que las estructuras nerviosas centrales y periféricas respectivas aumentan en tamaño y complejidad. Es un proceso que se retroalimenta: según aparecen sistemas nerviosos más complejos los vínculos personales cada vez son más comprometidos, lo que parece ser que provoca a su vez que los sistemas nerviosos se enriquezcan. En la misma medida, además, la conservación de la especie pasa a depender menos del número de descendientes potenciales de cada pareja, en su lugar, el factor decisivo es el compromiso de éstos para con sus crías. Esto se traduce en que, conforme el cuidado de los hijos se intensifica por parte de los padres, la camada tiende a disminuir. O, visto de otro modo, conforme la supervivencia de las crías se va asegurando mediante un mejor cuidado, disminuye la necesidad de producir tanta descendencia, de modo que el esfuerzo se puede canalizar hacia otras actividades (como las relaciones sociales).

El cuidado parental no es otra cosa que una necesidad para asegurar la supervivencia de la progenie. Además, un cuidado prolongado favorece el desarrollo de un cerebro más complejo, donde se acumula y procesa mayor cantidad de información. Por el mejor cuidado, el cuerpo mejora (aumenta la masa corporal, la supervivencia ante los accidentes y/o enfermedades crece también, se mejoran las habilidades, etc.) y, con la capacidad de procesar más información y una mejor herramienta (el cuerpo) para manejar esa información, aumenta la supervivencia de las crías, favoreciendo una mayor progenie.

A fin de cuentas, la finalidad de la Naturaleza es preservar la vida.

Este vínculo intergeneracional va de la mano con el dilema obstétrico. Es de lógica que todo esto fue un proceso muy dilatado en el tiempo, es decir, a lo largo de la evolución se fue estrechando el canal de parto (conforme la especie conseguía andar erguida) y fue creciendo el diámetro craneal (conforme el volumen cerebral fue creciendo). Consecuentemente, el tiempo de gestación se fue reduciendo. Si este proceso pudo desarrollarse en el tiempo hasta llegar a nuestros nueve meses de embarazo, es porque había un entramado social, la tribu o manada, que facilitaba que la joven criatura fuera convenientemente atendida. Un bebé que nace antes de estar listo necesita mucha más atención, sobre todo en especies tan evolucionadas como nosotros, atención que los progenitores pueden proporcionarle si las necesidades más básicas están cubiertas: seguridad, alimento, cobijo, etc. Todo estos requerimientos se cumplen más fácilmente dentro del grupo.

Por otro lado, en los años 70, el biólogo y zoólogo Bernhard Hassenstein propuso una tercera categoría en la que parece que encajamos mejor: “criatura portada”, “llevadores” o “de acarreo”. Este científico comprobó que había animales (como los primates, grupo al que pertenecemos) no clasificables en ninguna de las categorías anteriores. Los llevadores, según la visión de Hassenstein, son aquellos que tienen crías que son llevadas por sus madres, normalmente agarrados al pelaje (portadores activos; si bien también los hay portadores pasivos, como los humanos y algún tipo de primate, en que el bebé no se agarra y es la madre la que asume toda la acción de portear). De esta manera se mantienen a salvo, ya que están siempre cerca. En caso de quedarse atrás, chillan para avisar, porque si están solos quedan totalmente expuestos. Otras características son los órganos sensoriales parcialmente desarrollados y una inestable regulación de la temperatura, como dijimos anteriormente al referirnos a los humanos.

Se caracterizan por los reflejos de prensión en pies y manos, que permite agarrarse a la madre. Si bien los humanos pertenecen al grupo de los portados pasivos (que no son capaces de sostenerse solos sino que dependen de la ayuda del portador), nuestros bebés tienen ese reflejo. Los humanos perdimos el pelo así que el bebé no tuvo donde agarrarse, pero con el cambio del canal del parto las caderas de las mujeres pasaron a convertirse en un lugar mucho más prominente donde sentar al bebé. Fuimos evolucionando para ser cargados pasivamente. Junto con esta evolución todas las culturas desarrollaron algún tipo de portabebé, que facilitara el transporte y atención de las crías sin perder movilidad, es decir, sustituyendo la capacidad de la cría de mantenerse por sus propios medios con el portabebé.

Según las conclusiones de Hassenstein los portados son un tipo específico con necesidades específicas: necesitan la cercanía de la madre, así como el calor y el contacto corporal para seguir madurando y desarrollándose bien.

Para concretar un poco más, diremos que el ser humano pertenece a un tipo muy concreto de portadores: “Portador pasivo, tipo marsupial”. Evolutivamente hablando, no nos diferenciamos tanto de los humanos de hace 10000 años, que eran exclusivamente nómadas. De hecho, hoy en día, muchos pueblos tienen este estilo de vida. Esta forma de vida, que impide tener un nido, debido a que hay que moverse siguiendo el alimento, tiene como consecuencia este tipo concreto de portadores. Pasivo porque, como hemos dicho, no tenemos pelo donde agarrarnos, por lo que necesitamos un “accesorio” (un portabebé) que nos permita atender al niño, manteniendo las manos libres; de dicha “bolsa” proviene la especificación “tipo marsupial”, por referencia al marsupio (Ver nota en el siguiente párrafo).

Una nota aclaratoria, solemos encontrar referencias a los llevadores como “primates llevadores”. Esto no es del todo correcto, ya que hay llevadores, como los koalas, que no son primates. Llevadores son los primates y algunos marsupi. Los primates son placentarios, esto es, los embriones se desarrollan dentro del cuerpo de la madre, durante un período tras el cual nacen. Pertenecen al grupo de los euterios. Los marsupiales, sin embargo, pertenecen al grupo de los metaterios. Son mamíferos vivíparos también (los embriones se desarrollan en el útero materno), pero las crías nacen tan inmaduras y pequeñas, casi en estado larval, que deben trepar hasta una bolsa, el marsupio, que su madre tiene en el vientre. En el interior de esa bolsa el bebé se pega a un pezón a través del que se alimenta y vive piel con piel con su madre. Y no salen hasta que no están completamente desarrollados. Una vez desarrollados, la cría pasa una época en que sale y entra de la bolsa, a ratos se desplaza por sus propios medios, a ratos en el marsupio, a ratos es llevado por su madre (según las especies) hasta que llega un día en que se independiza.

En cualquier caso, ya seamos lleva dores, ya seamos prematuros normalizados, los bebés esperan ser cargados. Si somos llevadores, lo esperan porque está en nuestra biología: es necesario para el correcto desarrollo. Si coges un recién nacido, automáticamente adopta la postura de porteo: levanta y dobla las rodillas y abre los brazos y manos para sujetarse. Un bebé intranquilo se calma en brazos. Así está cerca de la leche materna y protegido por su madre y, por tanto, por la manada-tribu.

Si somos prematuros, lo racional es mantener en lo posible las mismas condiciones del embarazo: postura redondeada (la columna vertebral en forma de “C”), acceso rápido al alimento, cercanía con la madre, sonidos familiares, como la voz, latido y respiración de su madre, movimiento constante… La espalda se ha de mantener redondeada, como en el interior del útero, no podemos intentar enderezarla de golpe, sobre todo si deberíamos estar aún 12 meses más en el vientre materno: es de imaginar que no estaríamos muy estirados. El movimiento constante ayuda a la maduración neurológica, así como al desarrollo del sistema vestibular. Llevar al niño pegado facilita, además, la regulación de su temperatura, que en el vientre materno era constante.

En conclusión, resulta obvio (al menos para mí) que para el correcto desarrollo de los pequeños humanos, desde todos los puntos de vista: físico, psicológico, emocional y sanitario, es necesario que los bebés recuperen el sitio que les corresponde: en brazos de sus cuidadores, durante el tiempo que el niño lo demande, incluyendo el período en el que querrá subir y bajar hasta que finalmente ya no lo necesite. Y para ello, y como necesitamos los brazos para seguir nuestro día a día, nada mejor que un buen portabebé.

Fuentes:

Bernhard Hassenstein, Evelin Kirkilionis: Der menschliche Säugling, Nesthocker oder Tragling? Dans: Wissenschaft und Fortschritt 42/1992

Wikipedia, entrada “nidícolas”

http://www.mowgli.es/desarrollo-fisiologico.html

http://www.aamefe.org/confort.html

http://misteriosnaturaleza.forocreacion.com/general-f1/los-mamiferos-t13.htm

http://www.estadosgerais.org/terceiro_encontro/edelstein-especie.shtml

http://www2.udec.cl/etologia/Comportamiento.html

http://porunpartorespetado.espacioblog.com/post/2008/09/17/18-meses-embarazo

http://www.cib.uaem.mx/agebiol/Boletin_Febrero04.htm

http://www.centroamara.com/index.php/content/view/67/143/

http://milagrosdelmarhb.blogspot.com/2008/04/filosofia-del-cargar.html

Más información sobre el porteo:

Red Canguro, Asociación Española por el Fomento del Uso de Portabebés

Mi Saquito Mágico, el blog de Merce sobre Porteo

Mimos y Teta, el blog de Nohemí sobre Crianza Respetuosa

Marsupina, el blog de Sol sobre Crianza Respetuosa

Mowgli, tienda de productos naturales, con artículos sobre Porteo

En otros idiomas:

http://www.stillen-und-tragen.de

http://www.afpb.fr

http://www.okemakus.com

http://www.thebabywearer.com

http://www.peau-a-peau.be/

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Publicado originalmente en 20minutos.es 22/03/2010

Carlos González: “A la mujer se la ha engañado con la liberación”

  • Defensor de la crianza natural, anima a que uno de los progenitores se quede en casa cuidando a los niños.
  • Acaba de publicar un nuevo libro, ‘Tu pediatra y tú’.

ARANCHA SERRANO. 22.03.2010 – 13.58 h

Muchas madres me envidian. Carlos González me recibe para comer con él, publica un nuevo libro, ‘Tu pediatra y tú’ (Planeta) y tengo la oportunidad de conocer de una forma distendida a este gran abanderado de la crianza natural, el colecho (dormir en la cama con los hijos) y la lactancia materna, firme opositor del método del Dr. Estivill y su método para dormir a los bebés. Es más alto y más delgado de lo que parece en las fotografías. Y hay mucho más…

¿Se debe buscar a un pediatra acorde con la ideas de los padres, o cualquier pediatra es válido?
Cualquier pediatra es válido, el problema es que pedimos a los pediatras cosas que no son de su ámbito. Un pediatra es una persona que ha estudiado el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de los niños. Pero nos empeñamos en preguntarle cosas que no están relacionadas con su salud: si hay que cogerle en brazos o no, dónde tiene que dormir, qué hacer si no come.

¿Hay un exceso de información de cómo ser padres?
El exceso de información nunca es malo, lo malo es la desinformación o la información incorrecta. Por eso escribí el libro Bésame mucho, porque había leído libros sobre la crianza de los hijos que no me gustaban nada y pensé en escribir sobre lo contrario para que al menos los padres tengan dónde elegir. Me daba pena y rabia ver a tantos padres cuyo su deseo era atender a su hijo pero que no se atrevían a hacerlo porque algún experto había dicho que eso estaba mal. Durante miles de años, los padres han criado a sus hijos sin libros. Creo que los padres tienen buenos instintos, nunca he oído decir a una madre que diga: “yo lo dejaría llorar, pero como dicen que va a coger un trauma psicológico hago en esfuerzo y lo cojo, qué remedio”. En cambio sí me han dicho lo contrario: “Yo lo cogería en brazos, pero como dicen que se malacostumbra, no lo cojo”. Y pocas madres me dicen: “gracias a sus libros he aprendido cosas que no sabía”. Lo que me suelen decir es: “gracias a sus libros he recuperado la confianza en mí misma de ver que aquello que quería hacer no está mal como me decían”. Cuando un niño llora, lo normal es querer consolarlo, no se te ocurre dejarlo llorar; la gente que lo hace, lo hace en contra de su voluntad porque se lo han dicho. Y no digo que haya que meter al niño en la cama, sino que hacerlo no es malo.

¿Y el que no lo mete en la cama hace mal?
No, cada padre tiene que elegir lo que mejor le funcione.

¿Cree que existe una guerra de bandos respecto a la forma de criar a los hijos?
No, cada familia tiene que buscar y elegir lo que mejor le vaya, y tiene que saber que tiene libertad para elegir, que no solo hay una opción posible. Si dejas a tu niño en la cunita en su habitación y te va bien, estupendo. Pero si lo dejas y no se duerme, y llora, no un poquito, sino media hora, es que algo no va bien. Y si lo quieres dejar llorar y hacerle eso a tu hijo, tú verás si así puedes dormir.

Respecto al colecho, ¿qué ocurre entonces cuando se tienen hijos muy seguidos, o si es un parto múltiple?
Pues meter a toda la familia en la cama. Si tienes tres de golpe y se despiertan cada hora y media, pero no a la vez sino cuando ellos quieran, y conoces un método mejor que metértelos en la cama, por favor, dímelo.

¿Qué es lo que más preocupa a los padres?
La comida y el sueño, pero no sé hasta qué punto son modas. No creo recordar que antes de que saliera el libro de Estivill alguna madre me preguntara por el sueño de su hijo. Creadas las expectativas, se crean los problemas.

¿Ha debatido con Estivill?
Una vez, en un programa de radio, por teléfono. Resultó un poco confuso porque dijo que básicamente estaba de acuerdo conmigo. Y le dije: “Hombre, no diga eso, que los oyentes se van a liar, no estamos de acuerdo en nada”.

¿En casa del herrero, cuchillo de palo?
No es que yo haya criado a mis hijos conforme a las teorías de mis libros, sino al revés, he escrito esos libros conforme a mi experiencia criando a mis hijos. Aunque supongo que podría haber mejorado la experiencia de los primeros meses de mi primer hijo (risas). Los primeros hijos están para hacer prácticas.

¿Qué significa para usted ser padre?
Es la cosa más importante que puedes hacer en la vida, al menos yo estoy seguro de que nunca haré en mi vida nada más importante.

¿Qué se necesita para criar a un hijo?
Tiempo y cariño. Cualquier animal cría a sus hijos y hasta cierto punto depende del instinto. Lo que no puede ser es que estar con tu hijo sea “una pérdida de tiempo”. A un hijo no se le quiere por el hecho de que sea tu hijo, sino porque pasas mucho tiempo a su lado y te ‘enamoras’ de él. Entonces sabes qué hacer sin necesidad de leer ningún libro (ahora que no me oyen las editoriales).

Pero muchas madres no disponen de tiempo. ¿Es un mito la conciliación laboral?
Soluciones mágicas no existen: no puedes estar en dos sitios a la vez. Y a nuestras abuelas por lo menos las dejaban ir a trabajar con su hijo, como siguen haciendo muchas mujeres en el mundo, que llevan al niño atado a la espalda. En esta sociedad, aunque hay empleos que se podrían hacer con un niño en brazos, como una taquillera o una empleada de Hacienda, no se permite; está mal visto.

¿La culpa es de la sociedad?
También tenemos que admitir nuestra parte de culpa. Mi madre no trabajaba y mi padre ganaba poco. Jamás tuvimos coche y casi nunca nos fuimos de vacaciones -como mucho podíamos coger el autobús e ir a la playa a Castelldefels- pero yo sabía que mi madre siempre estaba en casa para cuidarme si me ponía enfermo. Tienes que plantearte cuáles son tus prioridades en la vida.

¿No cree que antes la gente ganaba más, proporcionalmente?
No, creo que la gente gastaba menos.

¿Entonces, el progenitor que no se queda en casa con su hijo es porque no quiere?
A ver, en este momento hay cuatro millones de parados en España, y casi nadie se muere de hambre. Mientras estás pagando la hipoteca con dos sueldos da la impresión de que no podrías vivir de otra manera. Pero de pronto uno de los dos se queda en paro y te das cuenta de que sigues viviendo. Muchas familias que se han quedado en paro los dos también siguen adelante.

¿Es cuestión de buscar las mañas?
Es cuestión de prioridades. Está claro que sin un piso no puedes vivir, pero sí se puede vivir sin un coche o sin vacaciones. Lo que sugiero a los padres es que si deciden cogerse una reducción de jornada, que no lo vean como pérdida de ingresos, sino como un gasto. Es decir, el dinero sirve para comprar cosas -el coche, unas vacaciones en las Seychelles, tres meses de estar con tu hijo-; sóoo tienes que decidir en qué te lo gastas.

¿Somos mejores padres de lo que fueron nuestros padres?
Hay mucha costumbre de decir que todos los padres son buenos padres, y eso es mentira. Hay malos tratos… Se puede decir que la inmensa mayoría intentan ser buenos padres pero no todos lo consiguen. Yo me crié en una época profundamente feminista: tenía la absoluta convicción de que los hombres éramos muy brutos. Y me hizo mucha ilusión cuando leí el libro de una norteamericana, Susan Allport, sobre la crianza de distintos animales que extrapolaba al hombre. Y comentaba que, si bien es cierto que antes había otra división del trabajo entre hombre y mujer y que los hombres no llevaban a los niños en brazos ni les cambiaban los pañales, eso no quiere decir que se desentendieran de ellos.

¿La liberación de la mujer ha sido un engaño?
Los libros que hablan de la liberación de la mujer los han escrito mujeres periodistas, mujeres escritoras, abogadas… mujeres que trabajan y se realizan. Nadie se realiza fregando escaleras, ni metiendo sardinas en una lata, o atendiendo en un supermercado. Eso de la realización con el trabajo es un mito creado por gente que tiene muy buenos trabajos. El trabajo no sirve para realizarse, sino para pagar facturas, te realizas con otras cosas. Incluso yo, que tengo un buen trabajo, no me realizo ni como pediatra ni escribiendo libros, yo me realizo como padre y como persona. Hemos llegado al absurdo de que la mujer que se queda en casa es una maruja, mientras que la mujer que friega la casa de otra es una mujer realizada. ¡Si es fregar igual! Me da la impresión de que a la mujer se le ha engañado con eso. La mayoría de los trabajadores lo que quiere es dejar de trabajar; mira qué cara se les ha puesto cuando han dicho que iban a alargar la edad de jubilación.

Muchos de nuestros padres nos criaron en la creencia de que era mejor dejar llorar al niño hasta que se calmaba solo. ¿Cree que eso puede crear un trauma? ¿Está nuestra generación traumatizada?
Eso es algo típico de los años 70, fue una época terrible. Los médicos te decían que por nada del mundo te podías meter al niño en la cama, que jamás podías cogerlo en brazos. Dudo mucho que tus abuelos hicieran eso con tus padres. Respecto a si eso crearía un trauma en los niños, no lo sé ni me importa. Se habla mucho de que si se hace esto o lo otro le va a crear al niño un trauma para toda la vida, y eso crea absurdos lógicos. Hay gente que dice que hasta nacer es un trauma. Una cosa es segura: todo lo que te ocurre influye en tu vida posterior.

¿Cree que a los niños que se les protege demasiado se les hace dependientes o inseguros?
Eso es una mentira tan obvia… La actual generación de jóvenes se criaron en las guarderías, se quedaban en el comedor del colegio, se iban de colonias, hacían actividades extraescolares… y ¿a qué edad se van de casa? Para la mayoría de las madres resulta doloroso separarse de su hijo. Si haces todos los esfuerzos y sacrificios para que sean independientes y al final la independencia es una cuestión meramente económica -y no hay mayor independencia que el irse de casa-, para qué perder el dinero y el tiempo en educarlos “como se debería”. Disfruta educándolos como tú quieras.

Hay quien opina que a los niños les benefician las rutinas, ¿qué opina?
Supongo que habrá de todo: niños que estén más cómodos haciendo rutinas y otros que no. Los míos me daba la impresión de que no; no parecía importarles si un día no les bañaba a una hora concreta, más bien lo contrario, les divertía hacer cosas diferentes.

¿Por qué hay tanta disparidad de criterios respecto a la alimentación?
No hay ninguna base científica para decir una cosa u otra, por eso cada cual se lo inventa. Los organismos serios hacen recomendaciones generales, jamás nadie que sea serio te va a decir que le des 50 gramos de carne o la fruta a las cinco de la tarde.

¿Qué le diría a alguien que acaba de ser padre/madre?
Enhorabuena, que lo coja mucho en brazos y que le de muchos besitos.

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Compartimos con tod@s vosotr@s la nota de prensa que hemos enviado a los medios, para informarles del “nacimiento oficial”  de nuestra asociación; desde aquí, queremos agradeceros a todos los que nos seguís habituálmente, por habernos apoyado en todo este camino. Seguiremos trabajando para fomentar la lactancia, la crianza y el uso de portabebés en nuestra comarca, e informando puntualmente en el blog.

Gracias a tod@s por estar ahí, nos vemos en las reuniones mensuales :).

Estimados Srs.

Les invitamos a la presentación oficial de la asociación pro-lactancia materna Lactabia, que tendrá lugar el viernes 12 de Marzo a las 18.00h, en la guardería municipal de Toreno.

Lactabia, Lactancia Materna Bierzo Alto, es una asociación de apoyo a la lactancia, la crianza y el uso de portabebés.

La idea de la asociación surge del encuentro entre la matrona de Bembibre, Pilar San Sebastian, y una mamá de la localidad, Patricia Suárez , que iniciaba su lactancia con las dificultades habituales, hace ahora dos años.

Desde entonces hasta ahora,  el proyecto se ha ido enriqueciendo con la colaboración de otras tres mamás lactantes, Vanessa  Fernández, Raquel  García y Noelia Sanabria; y la matrona de Toreno y Fabero, Sonia García.

Gracias a la labor desinteresada de todas ellas, por fin hoy Lactabia es una realidad. La asociación cuenta ya con estatutos, identidad fiscal y está registrando sus primeros socios.

A  partir del mes de abril comenzarán los encuentros periódicos, contando con dos puntos de reunión en el Bierzo Alto:

  • En Bembibre, y en colaboración con la matrona, se celebrarán reuniones los segundos miércoles de cada mes, a partir de las 17.30h, en el Centro de Salud.
  • En Toreno, gracias a la disposición del Ayuntamiento a través de la Concejalía de Mujer e Igualdad y Bienestar Social, serán los cuartos miércoles de cada mes, también a partir de las 17.30h., en la Guardería Municipal del municipio.

Animamos a todas las familias con bebés del Bierzo  Alto a acudir a estas reuniones, que nacen con el objetivo de convertirse en un punto de encuentro y ayuda para todos ellos.

Más información en https://lactabia.wordpress.com

Contacto: lactabia@gmail.com y 667 958 749

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Una vez más, gracias a la colaboración y hospitalidad de Pilar San Sebastián, matrona de Bembibre, hemos realizado un taller de portaebés dentro del ciclo de Clases de Educación Maternal a Embarazadas.
Gracias a todas las caras “conocidas” y ¡bienvenidas a todas las nuevas! Esperamos seguir viéndoos en futuros talleres.

Comenzamos el taller "entre trapos"

Nuestro "público", muy atento

Tuvimos el placer de contar también con papás y abuelas 🙂

Raquel enseñando a usar la bandolera a una mami reciente...

... que practicó con nuestro muñeco Nicolás...

Nuestro benjamín (3 días) en bandolera

Colocando la tela entre las anillas

Mar, canguro experimentada, se estrena con los portabebés asimétricos

La cruz envolvente con un fular de sarga...

... y el mismo nudo con un fular elástico.

Probando el fular por primera vez, con el muñeco Nicolás

Compartiendo sensanciones

Otro pequeño canguro recién nacido

La primera vez de mamá y bebé (3d) con un fular elástico

Al alcance de tus besos

También aprendimos a poner el mei-tai a la espalda

Nuestro benjamín probó todos los fulares

...y parece que se encontró a gusto en ellos 🙂

Sosteniendo su cabecita con una toalla

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